martes, 23 de agosto de 2011

Diosa Canales con su tanga puesta

Esta “china” que desde la adolescencia conmocionó Anzoátegui con sus bochinches escolares, el movimiento de sus caderas y sus fotos prohibidas, ahora es “la bomba sexy de Venezuela” y se desnuda sin miramientos, mientras insiste en cantar y bailar
Joanny Oviedo

Con la boca y los dientes apretados, como si acabara de morder un limón verde de la canción de Iris Chacón que ahora ella reedita, Diosa Canales, la muchacha de 24 años que baila, canta y hace desnudos en Twitcams y en la revista PlayBoy, pronuncia cada frase con tono de niña mimada (aunque no lo sea): “Al principio no fue fácil. Cuando estaba en ‘Loco video loco’ (RCTV), viajaba en autobús todos los días desde E
l Tigre (Anzoátegui) para venir a grabar a Caracas, porque no tenía para pagar una habitación diaria. Me la pasaba pidiendo prestado, no tenía mucha ropa, comía una vez al día y no sabía moverme en Caracas… En cambio ahora tengo caarro, apartameento, cueenta, rroopa…”, y sigue su enumeración con los dedos de las manos y un esmerado mandibuleo.
Ella es una “Diosa” desde que nació. Se llama Dioshaily Rosfer Canales Gil, y en cada una de esas cuatro palabras lleva una parte de su historia familiar. El “Dioshaily” se lo debe a su mamá, Blanca Rosa Gil, “una catira ojos azules hija de españoles y árabes” que a los 8 años, cuando tuvo su primer noviecito, prometió que su hija se llamaría igual que su entonces suegra, Diosa.
“Es una historia de amor”, dice la ex participante de “Bailando con los gorditos” (Venevisión), orgullosa de un cuento del que su padre y mánager, Efraín “Junior” Canales, dice no tener idea. “La mamá me contó que le puso así por una amiga muy querida. La verdad yo nunca me involucré en los nombres de mis hijos, porque le hubiera puesto el de mi mamá, Petra; a mí el ‘Dioshaily’ se me hacía tan difícil que la llamaba ‘Niosilín’, como la crema antibacterial”, afirma carcajeándose gutural.

Complicado también era el segundo nombre, mezcla de “Rosa” y “Fernando”, sus abuelos maternos y dueños de la casa donde ella, su hermana menor Blanca Rosa y su mamá vivirían tras el divorcio de sus padres, hace 16 años. “Ahora se la llevan muy bien. Yo creo que todas las mujeres que se separan deberían ser como mi mamá: a veces duerme en casa de mi papá, le hace comida, lo ve en interiores, le presta el carro, lo lleva de viaje con su nueva esposa, Silvia…”.

Ego arriba

¿Desde cuándo se llama Diosa a secas?

–Desde los 15 años. Empecé a trabajar con mi papá en su orquesta Los Celestiales, que luego se llamó Diosa y sus chicas celestiales, y me empecé a dar a conocer en fiestas, bodas y quinceaños de Anzoátegui como bailarina, que es mi fuerte.

¿Y cuándo empezó a sentirse “Diosa”?

–Desde pequeña siempre me he sentido súper sensual y me gusta mostrarlo, porque eso te da ego. En los concursos de baile de las fiestas de cumpleaños yo era la que ganaba, era el centro de atracción.

De recién nacida, “la bomba sexy de Venezuela” no era muy agraciada, porque era de “piel morena, nariz gruesa, boca grande y ojos chinos” como los rasgos de su papá, hijo de una india chaima de Caripe (Monagas) y un canario. “Yo creo que era una de las niñas más horribles del mundo. Como mi papá es hermoso, mi mamá decía ‘me cambiaron a mi hija’ y no le gustaba sacarme. Después fue aceptándome cuando le dijeron que me parecía a una tía”, relata Diosa convencida de la anécdota familiar.

Sería su abuela Rosa la que le subiría la autoestima comprándole cuanta ropa apretadita encontrara para exhibir en fiestas “las nalgotas y la cinturita” que ella asegura tener desde la infancia. “Imagínate, ahora todo el mundo se queja de que soy exhibicionista, pero si me han acostumbrado a ser así”, suelta muerta de risa arrugando la nariz.

Abajo trapos

El bochinche siempre fue su especialidad. En el colegio, ella y dos amigas eran las protagonistas del grupito de “las malas”, a quienes sus rivales, “las sifrinitas”, osaban llamarlas “las marginales”, entre otras cosas porque Diosa no tenía rollos en montarse en los pupitres con la camisa amarrada hasta la cintura y armar la rumba en el salón.

¬–Las otras tres eran las intocables, pero igualito nosotras les hacíamos la vida imposible. Una vez jugando fútbol, cuando una venía a quitarme el balón, yo le metí el pie y se cayó. ¡Mira!, se raspó todo esto (ejemplifica con su brazo derecho) y para mí fue una felicidad tan grande… porque eso le quedó para el resto de su vida. ¡Por eso me gusta el fútbol!

Ahora sus curruñas del liceo no son tales, al punto de que afirma “yo no tengo amigas”. Les perdió la pista una vez que se vino a Caracas a probar suerte y empezó a hacerse famosa: “Me vieron subir como la espuma y a ellas no les fue bien como a mí. Yo traté de ayudarlas, de meterlas en mi medio”. ¿Y si no les gustaba? “No, sí les gustaba, pero si no tienes la actitud…”.

Con ese mismo ímpetu fue que un día decidió, a los 17 años, operarse los senos con el dinero que había ganado del merengueteo al estilo Juan Carlos y su rumba flamenca en Los Celestiales. Ahora, se arrepiente: “Eso fue una estupidez, porque yo tenía mis senos súper bonitos, grandes, lo que pasa es que todo es una moda como cuando salió el piercing, que me puse uno en la nariz y otro en el ombligo y después me los quité”.

¿Se considera vengativa?

–Si me han dañado mucho, sí.

Como le pasó con sus fotos desnuda difundidas por El Tigre.

–Ah no, de esa me vengué cuando decidí desnudarme artísticamente. Lo que pasó fue que yo estaba recién operada y sabes que uno se empieza a probarse sostenes y coticas y a tomarse fotos. Entonces, por mala suerte entraron a robar mi casa y entre las cosas que se llevaron estaba mi computadora, con los álbumes. Como ya yo era popular en El Tigre, me reconocieron, y nada, regaron esas fotos.

Si eso no hubiera pasado, ¿su vida sería distinta?

–Sí, totalmente. Quizás estuviese haciendo más espectáculos, que es lo que más me gusta, y hubiese hecho fotos súper insinuantes, pero sin desnudos.

Entre dos aguas

Diosa tiene ya un año viviendo en Caracas, en un apartamento que comparte con su estilista y amigo, Jesús Romero. Mientras tanto, allá en su tierra aún conserva cuatro chihuahuas que han sido las musas de “Tanga, tanga”, “Corazoncito” entre otras de las canciones de su disco Bomba sexy de Venezuela, además de “El piquiriquitiqui”, que saldrá en su próxima producción.

“Ella a cada perrito le hacía un mimo distinto y con esos estribillos yo me sentada con mi guitarra a componer, porque yo soy músico (…). Otro de los temas que viene por ahí es uno que dice ‘nene, dame tu leche, quiero hacer café con leche’”, cuenta orgulloso su padre, un evangélico de creencias “flexibles” para quien el pecado es saber qué es lo bueno y no hacerlo. “Y hemos visto que para ella no es malo mostrarse”, se adelanta a explicar.

Usa mucho la palabra “pecado”. ¿De alguna manera intenta justificarse ante católicos y evangélicos de sus dos familias?

–No, ante mi familia no, ante la gente que me quiere juzgar. Mi papá y yo creemos en Dios, pero la música, el baile y lo que yo hago no es pecado. No sé por qué en vez de enfocarse en los que están haciendo cosas malas en este momento, se afincan en una muchacha que está trabajando súper fuerte para ser exitosa y llevar el nombre de Venezuela en alto.


Dualidad

“Unos me felicitan y otros me dicen que soy un pervertido”, afirma Efraín Canales, el papá/mánager de Diosa, quien sostiene que ella casi lo “obligó” a ser su representante: “Me dijo ‘como tú te inventaste que yo cantara, ahora me vas a manejar la venta de los espectáculos’. Es un gran compromiso, aparte de que yo tengo mi ganancia por eso”.

Cuando Diosa regresó de estudiar inglés en Trinidad, una vez graduada del bachillerato, fue él quien le aconsejó que se inspirara en el estilo vedette de Iris Chacón si quería llegar a ser “una artista integral”, y el que además consiguió que su esposa Silvia, la actual corista del show de Diosa, se encargara de afinarle la voz.

Aun así, declara que no vio la parte “fuerte” del Twitcam de su hija y que ese día llamó a uno de los bailarines que estaba con ella para darle el mensaje: “Diosa, no des todo”. Él, que tiene dos hijos más de su segundo matrimonio, Silvia Esther (10) y Jeyfrén Canales (16), enfatiza que no es celoso y que hasta su esposa tiene que “vestirse bajito, si no, no la monto en el escenario”.



4 comentarios:

  1. Una cosa es creer en Dios y otra cosa muy diferente es seguir a Dios. Hasta satanas cree en Dios.

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    1. excellente frase camarada,...tienes mucha razon y no lo habia pensado de esa manera,..

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  3. Que buen reportaje, a mi me parece que Diosa es una mujer muy bella, pero creo que lo que mas me gusta es su simpatía, me encanta cuando le hacen entrevistas, pienso que debería dedicarse al humor :)

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